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El mensaje de una copla

El mensaje de una copla

 

Pedro Izquierdo timple guitarraEn una época no se cantaba por cantar, había un mensaje en el canto. No había letras estandarizadas que, como hoy, se cantan en cualquier momento sin ninguna intención de contar algo. Ahora no se piensa más que en cumplir con un número musical más.

 

Vivimos un momento en el que el folklore es espectáculo, televisión, festivales… Eso lo mantiene vivo, en otro marco, pero vivo. No está mal del todo. Noto que el mensaje es siempre el mismo: mismas letras, mismas melodías, misma temática.

 

La copla, sea para folías, para polkas, isas, malagueñas, etc., debería cantarse no siempre con la misma melodía. Al igual que cuando hablamos, según el mensaje, nuestro tono de voz y la entonación cambian. Ahora hemos aprendido una melodía para, por ejemplo, cantar las folías, y no nos salimos de ella. Yo lo llamo «melodía académica». Es decir, la que enseña el maestro de folklore al alumno como estándar para que aprenda a cantar cualquier género folklórico. Esto no es malo, lo mejor sería enseñar a evolucionar, a improvisar y/o a adaptar esas melodías a las coplas que cantamos en cada momento. Y ya lo ideal, rozando la utopía, sería adquirir la capacidad de repentizar una letra para cada momento.

Coplas como

 

Cuando vienes del campo

vienes airosa,

vienes encarnadita

como una rosa.

 

 

se han hecho, al parecer, obligadas. Incluso en ocasiones alguien me ha dicho que las seguidillas de Tenerife son esas, y que se deben cantar con esas típicas letras siempre, si no, no son las verdaderas.

 

Yo prefiero encargarle a algún poeta, o escritor, o coplero letras nuevas con nuevos mensajes, nuevos contenidos, algo que quien lo escuche se quede con algo más. Lo mismo para los discos que se graban de folklore, no grabar las mismas coplas. Hay gran cantidad de libros con recopilación de coplas ordenadas por género, por temática o de relaciones. Y hay una fuente, esta vez no se puede decir que sea inagotable, que son nuestros mayores.

 

Cierto es que no todo el mundo tiene o ha tenido la suerte de vivir cerca de sus abuelos. Pero los que sí, y si estos gozan de buena memoria, pueden convertirse en la mejor enciclopedia si se tiene la voluntad de sentarse a escucharlos. Y, ya que estamos, los grabamos.

 

A veces es demasiado tarde, y llegamos cuando los viejos («viejos» con el mayor de los respetos y admiración) ya no tienen el tino en su sitio, y ya ahí no hay nada que hacer. Pero esa cultura de escuchar hay que implantarla cuando somos padres en nuestros hijos. Ha habido una generación de padres que olvidaron enseñar eso.

 

Volviendo al mensaje de la copla, tengo muchas de ellas que mi abuela paterna me ha contado y me sigue contando a día de hoy. Desde pequeño se las escuchaba y las grababa en cintas de casete. Ahora ya las grabo con el móvil. Tengo en mente gran cantidad de ellas, y mi abuela sabe las que me ha dicho ya. No suele repetir muchas. «¿Todavía no te has aprendido esta, Pedro Manuel?». El mensaje que se enviaban antes cuando novios, entre amigos, entre pretendientes, en el campo durante las jornadas de trabajo, en los ratos de descanso sentados alrededor de las eras, en las plazas o bancos de las calles, en las puertas de las casas hablando con los vecinos, en los bailes… Situaciones cotidianas que hoy no lo son tanto, o que directamente no lo son.

 

Las hay a la muerte:

 

A quién le contaré yo

las penas que estoy pasando;

se las contaré a la tierra

cuando me estén enterrando.

 

A la sabiduría popular:

 

No desveles tu secreto

a amor, amigo, ni a nadie;

que ninguno te lo guarda

como aquel que no lo sabe.

 

La voz que al aire envía

algún misterio declara;

que si los aires hablaran,

varias cosas se sabrían.

 

A los desamores:

 

En lo más hondo del mar

voy a plantar un lirio;

mira si será martirio

verte y no poderte hablar.

 

 

En mi intento de inyectar nuevas coplas a nuestro folklore, cada año me he propuesto organizar, desde el 2008, un encuentro de folías en el que todas las coplas que se cantan son inéditas. Solo se cantan folías. De entrada puede parecer que vaya a ser monótono y aburrido, pero ha quedado demostrado que se nos hace corto ya que cada letra es distinta y nunca antes escuchada. Los espectadores se meten tanto en el discurso y en el mensaje que cada velada se ha convertido en un aire fresco para los sentidos. Invito a copleros, poetas, amigos músicos y gente particular a escribirme coplas con la temática que quieran. Sin pauta, solo la métrica. Se ha convertido en una cita obligada cada año, y los que participamos lo hacemos realmente por «amor al arte». Y además de verdad.

 

Hay algunas como la que hizo Rogelio Botanz, un maestro, cantautor, defensor de Canarias y su cultura, que sin ser canario de cuna lo es más que algunos propios canarios. Esta copla luego le inspiró para hacer una canción completa que ahora canta en sus conciertos.

 

Tampoco nació en Canarias

el primer guanche en quererlas;

sus hijos luego darían

su vida por defenderlas.

 

Una amiga coplera con gran facilidad y agilidad en escribir coplas con cualquier temática me escribe letras para muchos de mis proyectos. Ella se empapa sobre el tema en cuestión y a ello que va: María Ángeles Marrero.

 

La muerte sin avisar

le llegó sin hacer ruido

y su alma se fue volando

como el pájaro del nido.

 

Queda demostrado que el folklore puede seguir vivo renovando sus letras. Darle color y sentido a un nuevo y cotidiano mensaje no es desvirtuarlo. Aunque ese es otro tema del cual podríamos derramar mucha tinta. El purista suele contradecirse y contrahacerse. Pienso que si sabes de dónde vienes, amas tu tierra y lo que haces y se es respetuoso con los límites invisibles del sentido común, solo hay que dejarse llevar por el sentimiento y el buen gusto. Eso de que «sobre gustos no hay nada escrito» creo que está mal, suelo responder a esa frase así: «sí está escrito, lo que pasa es que no te lo has leído».

 

Muchas veces hablando con los cantadores, jóvenes y viejos suelen coincidir en que repiten las mismas coplas por seguridad. Por cantar libres y que los nervios no les hagan equivocarse. Es decir, por comodidad. Pues bien, cantadores, solistas y demás: son ustedes los que tienen la ultima palabra. Renuévenla, háganla suya, cotidiana, cercana, interesante. Ya que es la voz de ustedes la que transmite en última instancia el mensaje de una copla.

 

 

Pedro Izquierdo

[Extraído del programa de las fiestas de Tejina 2015, La Laguna, Tenerife]

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